EL CONTACTO CON LA NATURALEZA

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No cabe duda que formamos parte de la naturaleza. El Ser humano tiene las mismas necesidades fisiológicas que cualquier otro ser vivo, como la de beber agua, alimentarse o respirar. Pero ahí no se acaba la lista de elementos que nos hacen falta para estar en paz y desarrollarnos de una forma sana y completa. También necesitamos sentir las fuerzas de la naturaleza como la lluvia, el viento o el sol. Por otra parte es tan importante dormir y descansar como ver el cielo y observar las nubes y las estrellas.

Los niños acusan mucho el estar encerrados en casa y lo podemos comprobar con una simple excursión al monte. En realidad, si nos fijamos en cómo reaccionan cuando pueden explorar libremente en el bosque, en la montaña o en el campo todo lo que el entorno ofrece, nos damos cuenta que los juguetes no son más que sustitutos de árboles en los que trepar, piedras que encontrar o palos con los que luchar.

En las épocas de frío y lluvia en las que estamos más en casa, aumenta el nerviosismo y la insatisfacción. Nos resulta fácil olvidarnos hasta qué punto nos influye el clima en nuestra vida emocional y a menudo nos empeñamos en sobrellevar el agobio en casa antes que simplemente salir a tomar el aire. De hecho, en países nórdicos donde escasean las horas de sol se aplica la luminoterapia a personas con depresión, ya que la privación de exposición a la luz solar provoca estados anímicos de decaimiento pudiendo llegar a la depresión. Y para esto, no hay edad.

Ahora con la primavera es un momento ideal para volver a entrar en contacto con la naturaleza, quitarnos los zapatos y caminar sobre la hierba descalzos. Podemos plantar un pequeño huerto si tenemos terraza, jardín o balcón, hay mucha bibliografía en la que encontrar cómo hacernos con tomates o lechugas caseras. La manipulación de los elementos naturales como la tierra o el agua produce mucho placer y aporta experiencias importantes, no solo a los pequeños, también es vital para los adultos. Cuando un niño juega con la arena el ambiente se pacifica, se concentra en lo que hace y da rienda suelta a su innata capacidad de aprendizaje a través de la experimentación.

Así que animamos a salir, a tocar, oler y escuchar: la naturaleza forma parte de nuestro ser y la necesitamos para sentirnos vivos.

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