Juego vs. pantallas

Estándar

Según diferentes informes, los niños españoles ven la televisión en exceso y comienzan a una edad demasiado temprana a ver televisión. Con una media de más de 3 horas diarias, muchos niños pasan la mayor parte de su tiempo después del cole delante de la tele. A esto hay que añadir los ratos de videoconsolas y ordenadores, lo que en algunos casos puede elevar las horas que pasan delante de alguna pantalla a cinco horas diarias. Muchos expertos llevan alertando de las consecuencias negativas de estos hábitos desde hace tiempo. El exceso de este consumo pasivo de entretenimiento puede provocar irritabilidad, insomnio, hiperactividad, problemas de concentración, obesidad, problemas posturales, agresividad y en general problemas a nivel interpersonal por falta de contacto con otras personas en ámbitos más “naturales”.

Siempre imagino todo aquello que uno deja de hacer mientras ve la tele o juega con una videoconsola. Me alegro profundamente cuando veo niños corriendo por la playa sin preocuparse por nada más que de su juego de policías y ladrones. O cuando veo otros niños buscando un tesoro en un jardin, mano a mano y poniéndose de acuerdo en quién ha de hacer qué cosa. Cada vez son menos las escenas que se pueden ver de niños jugando a su aire, y de paso al aire libre. Se limita el tiempo disponible a fines de semana, quedando a menudo a expensas de otros planes como comidas familiares.

Para el juego de verdad, pues no queda apenas lugar. Las pantallas provocan muchas cosas, y pocas de ellas son buenas. Ocupan tiempo y pueden ser cómodas para los adultos, también para los niños que después de muchas horas de presión pueden evadirse con algo. Pero esto conlleva una falta de comunicación entre padres e hijos, ansiedad en los niños, y un importante empobrecimiento en muchos aspectos. Los contenidos son diseñados con fines comerciales y por tanto están hechos para controlar el pensamiento e incluso las emociones de quién lo consume. Me parece un dato realmente preocupante que la mayoría de los niños con hábitos diarios de manejo de videoconsolas etc., prefieren estar delante de una pantalla antes que jugar con sus amigos en la calle o hacer ejercicio físico.

¿Qué hacíamos antes de que existiera todo eso? Pues JUGAR. En la calle con los amigos, al escondite, a policías y ladrones, a exploradores, a la comba, las canicas, la peonza… O en casa con la abuela o los padres con las cartas, los dados, cantamos, contamos historias…

Dedicarnos tiempo mútuamente es una forma de acercarnos los unos a los otros, de pasar tiempo de calidad juntos. El juego es un vehículo universal y muy potente para ello, sin interferencias virtuales que no hacen otra cosa que entorpecer las relaciones sociales y la relación con uno mismo. Es mucho más que un entretenimiento infantil: es necesario para un desarrollo integral y saludable, es un impulso presente en todos los niños de la tierra, es placer. ¿Qué es una infancia sin la posibilidad de jugar?

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